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De Tiktok a la política real: el cuestionamiento del sufragio femenino en el mundo

11 ago 2026

por Sofia Mora Torres

Tradwifes, energía femenina y masculina, I’m just a girl, las mujeres de alto valor y old money son tendencias que enmarcan el contenido que se consume actualmente en las redes sociales. Estas plataformas se han consolidado como espacios de interacción cada vez más populares que permiten a las personas ejercer su derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, también se han convertido en escenarios donde se difunden discursos donde se refuerzan estereotipos de género e incluso se cuestiona el acceso de las mujeres a sus derechos y la participación en la vida pública. 


Lo que puede parecer un simple video de treinta segundos influye en la construcción de identidad individual y colectiva. Los likes, los comentarios y las publicaciones se han convertido en una moneda de valor social que impactan en el sentido de pertenencia de las personas. Al proyectar estilos de vida aspiracionales o deseables, las redes sociales contribuyen a cómo las personas perciben su propio lugar en la sociedad, moldeando desde edades tempranas las expectativas sobre los roles que mujeres y hombres deben desempeñar dentro de la sociedad. En consecuencia, lo que se consume en redes sociales no solo influye en la vida privada, sino también del ámbito público, al normalizar formas de entender las relaciones de género y la participación social. 


En este contexto, las tendencias que romantizan los roles tradicionales de género han ganado una mayor visibilidad. Un ejemplo de ello son las tradwifes (esposas tradicionales en inglés), creadoras de contenido que promueven activamente la renuncia de la vida profesional y pública para dedicarse exclusivamente al hogar, la maternidad y la sumisión voluntaria de sus parejas, presentando su elección de vida como el ideal femenino. A su vez, tendencias como I’m just a girl y girl math, aunque suelen proyectarse con tono humorístico, reproducen narrativas que infantilizan a las mujeres al asociarlas con la ingenuidad, la dependencia y la incapacidad de desempeñarse en ciertos ámbitos. Aunque estos contenidos pueden parecer inofensivos o que simplemente retratan un estilo de vida, su constante reproducción contribuye a reforzar estereotipos de género que históricamente han limitado la participación de las mujeres en la vida económica, política y social. 


Lo verdaderamente alarmante es cuando la discusión deja de centrarse en la ropa, la decoración o la estética para convertirse en un modelo normativo de cómo “debería” vivir una mujer. Es en ese punto, donde estos movimientos cuestionan la libertad de pensamiento, autonomía y capacidad de decisión de las mujeres para generar su propio proyecto de vida. El problema no radica en que una mujer decida libremente adoptar un estilo de vida tradicional, sino que las narrativas presentan esa elección como la única forma correcta de ser mujer y de alcanzar aceptación y reconocimiento social. 


Cuando este discurso trasciende el ámbito de las redes sociales, deja de ser una subcultura estética y comienza a entrelazarse con agendas políticas impulsadas por sectores de ultraderecha y movimientos conservadores en el mundo. Un ejemplo de ello es la cumbre política Women's Leadership Summit encabezada por Erika Krik, viuda de Charlie Kirk, donde se han promovido propuestas como el household voting o voto unifamiliar. Esta premisa sostiene que el voto de una familia debería ser emitido solamente por un integrante, específicamente el esposo en su facultad de “jefe del hogar”, bajo el argumento que la familia constituye una única unidad política. Aunque esta propuesta no forma parte de la legislación estadounidense, su promoción refleja el resurgimiento de ideologías que cuestionan la capacidad individual de las mujeres en tomar sus propias decisiones y buscan restaurar modelos tradicionales de autoridad dentro del hogar. 


Las implicaciones como una propuesta de voto unifamiliar trascienden el ámbito electoral. Su principal limitación radica en asumir que la familia constituye una unidad homogénea, con intereses políticos compartidos y una figura de representación, cuando la realidad muestra todo lo contrario. Las familias son diversas en composición y formas de organización; hay hogares monoparentales, homoparentales, encabezados por mujeres, reconstruidos, entre muchos otros. Solamente en Estados Unidos entre las familias “no tradicionales” el 52% tienen una mujer como cabeza de familia. Reducir esta diversidad a solamente un modelo familiar implica debilitar las instituciones democráticas al renunciar a uno de sus principios fundamentales que es la igualdad de sufragio. 


Además, esta propuesta ignora las desigualdades estructurales que siguen marcando las relaciones de género. A nivel mundial, las mujeres realizan gran parte del trabajo de cuidados no remunerado, lo que limita su participación en el mercado laboral generando una mayor dependencia económica. En contextos donde la violencia doméstica y económica persisten dentro de las relaciones familiares, asumir que el esposo representa los intereses de todos los integrantes de la familia invisibiliza las experiencias de quienes históricamente han tenido menor capacidad de decisión. Más que fortalecer a la familia como institución política, el voto unifamiliar afianza las relaciones de poder desiguales presentes en el hogar al trasladarlas al ejercicio de un derecho que, por definición, debe ser libre, individual y universal.  


Así, se muestra que un simple trend o like en redes sociales tiene un trasfondo político. Las redes sociales no son solamente espacios de entretenimiento, también son espacios donde se legitiman discursos y se redefine lo que la sociedad considera como aceptable. La historia ha demostrado que desafortunadamente los derechos de las mujeres pueden demostrar retrocesos cuando la narrativa de los que están en el poder cambia. Es por ello que defender el sufragio femenino implica mucho más que defender el ejercicio del voto; significa reconocer la capacidad de las mujeres de construir sus propias convicciones y participar, en igualdad de condiciones, en las decisiones de la vida pública. Vale la pena cuestionar las instituciones democráticas que rigen al mundo ya que ninguna tendencia debería tener el poder de convertir ese principio en una negociación. 




Referencias: 

U.S. Census Bureau. (2024). Nearly two-thirds of U.S. households are family households. https://content.govdelivery.com/accounts/USCENSUS/bulletins/3c16e18

Campos, M. (2026). Movimiento 'Trad Wife' y un voto por familia: así llega a México la ideología que atenta contra los derechos de las mujeres. Infobae. https://www.infobae.com/mexico/2026/07/16/movimiento-trad-wife-y-un-voto-por-familia-asi-llega-a-mexico-la-ideologia-que-atenta-contra-los-derechos-de-las-mujeres/

Grupo Animal. (2026). Del trad Wife al riesgo del voto femenino ¿Qué está pasando? https://grupoanimal.mx/estilo-de-vida/tradwife-y-voto-femenino-estados-unidos

Universidad Anáhuac Mayab. (s. f.). Cuál es el impacto de las redes sociales en la construcción de identidad. THiNK. https://merida.anahuac.mx/think/impacto-de-las-redes-sociales-identidad

BBC News. (2026). Social media plays a 'huge role' in promoting traditional gender views, say experts. https://www.bbc.com/news/articles/c4g55v1g95qo


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