
Por: Constanza Rocío Moreno Zamorano
“Nuestra unidad, nuestra solidaridad y nuestra fuerza colectiva siguen siendo la base de la paz, la seguridad y la prosperidad” (Mark Rutte, 2026)
Con estas palabras, el Secretario General de la OTAN y ex primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, concluyó la cumbre anual de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
¿Promesas cumplidas de 2025?
Recapitulando la Cumbre de la OTAN de 2025 que tuvo lugar en La Haya, la cual contó con la participación de 45 miembros de estado, 45 ministros de defensa, 45 ministros de asuntos exteriores, al igual que 2,000 delegados participantes.
Uno de los puntos principales del año pasado fue el incremento al presupuesto, donde se concretó destinar un 5% del producto interno bruto (PIB) a la seguridad y defensa de los miembros aliados. Esto provocó un descontento por parte de España, que aseguró no necesitar el aumento del presupuesto al declarar que tiene “otras prioridades para los próximos años, aparte del armamento”.
A pesar de ser un tratado con el objetivo de brindar seguridad colectiva, la cumbre del año pasado reflejó una falta de consenso entre los países miembros. Del lado del ex oficial de la OTAN para Lituania, Giedrimas Jeglinskas, expresó su disconformidad con el proceso al cuestionar la excepción de algunos, al mencionar que no se puede “defender el 5% al volver a casa si varios países han obtenido una exención”.
De acuerdo con el Atlantic Council, se hicieron otras observaciones finales relevantes, como la falta de acción para desarrollar una estrategia en Rusia y apoyar a Ucrania, la ausencia del tema de China y sus desafíos futuros, al igual que la incertidumbre con respecto al pacto de Estados Unidos con Europa.
Del silencio inicial al respaldo de la alianza
Este año la cumbre inició con un silencio incómodo marcado por las declaraciones al inicio del año por ofensivas de Donald Trump, quien volvió a amenazar con tomar control de Groenlandia con motivos de intereses geopolíticos en la zona. The Economist cuestionó la incertidumbre de Estados Unidos, donde su principio de “America First” deja espacio a interpretaciones de qué rol ocupa Europa para Estados Unidos. El camino tiene diversas salidas: de un lado, Estados Unidos puede actuar como un actor ausente, poco dispuesto a luchar por Europa, pero aún así proporcionando algún tipo de apoyo indirecto. Por otro lado, puede ser un país que abandona Europa, pero sin querer abandonar la base común que le proporciona la OTAN.
Estos escenarios terminaron sorprendiendo durante los días en Turquía, donde Trump mencionó que había sido una cumbre “sumamente exitosa” y se llevó el centro del evento al halagar a Mark Rutte por los resultados logrados. La conclusión es que, a pesar de las diferencias de Estados Unidos con sus aliados europeos, sigue vigente la alianza entre los Estados Unidos y el resto de los miembros de la OTAN de permanecer involucrados con la seguridad colectiva y la defensa.
El futuro de la cooperación militar entre Estados Unidos y la Unión Europea
Siguiendo el hilo de las conversaciones en La Haya, el tema financiero permanece presente en las metas de la OTAN. Los aliados se han comprometido a firmar contratos con la industria de defensa por un valor de 50.000 millones de dólares. Esto significa obtener nuevas alianzas para nuevas tecnologías como drones, vigilancia, plataformas aéreas, submarinos, entre otras. Para lograrlo, la OTAN sumó nuevos convenios de financiamiento derivados de entidades bancarias establecidas, entre ellas el Banco Santander, Barclays, Deutsche Bank y el Business Development Bank de Canadá.
Un tema que también había quedado pendiente y se retomó este año fue el tema de Ucrania. El presidente Donald Trump ha tenido roces con el presidente Zelensky en el pasado, mucho viniendo de la cantidad de recursos que destinó el expresidente estadounidense Joe Biden a la guerra, que sigue sin tener una fecha de expiración. Aunque el asunto fue ignorado por esta vez, ya que Estados Unidos accedió a la solicitud de Ucrania de fabricar misiles interceptores Patriot a nivel nacional para satisfacer sus propias necesidades de defensa.
De igual manera, los integrantes de la OTAN, salvo los Estados Unidos, accedieron a aportar 70.000 millones de euros en ayuda a Ucrania y reafirmaron su acuerdo de “mantener niveles al menos equivalentes en 2027”. Esto marca una derrota para Rusia, en especial para el presidente Putin, que intentó todo lo posible para influenciar a Trump y que convenciera a Zelensky de ponerle fin a su ofensiva con drones. La noticia de los misiles Patriot afecta a Rusia, acabando con la debilidad de Ucrania de tener capacidad limitada para proteger a la población civil de los misiles balísticos rusos.
Lo que sigue después de esta cumbre es que los Estados miembros trabajen en los objetivos y acuerdos discutidos este año. Tienen que seguir colaborando para mejorar la preparación en materia de defensa e impulsar la innovación en el sector de la defensa. Esto incluye traer a la conversación en 2027 la amenaza que China supone para la seguridad europea. No nombrar directamente a China es ignorar su involucramiento en facilitar la guerra de Rusia contra Ucrania. La OTAN debe afrontar este desafío con medidas que alejen la influencia tecnológica y económica de China sobre Europa, al igual que unirse para disuadir simultáneamente a Rusia y Corea del Norte.
