
1 abr 2026
Alejandra G. Marmolejo
La corrupción en la FIFA es rampante, sistémica y está profundamente arraigada: Parlamento Europeo, 2022
La próxima copa del mundo, que se jugará en los tres países de Norteamérica de manera simultánea, ya sopesa con ciertos costos geopolíticos que no eran ponderables en diciembre pasado, cuando se llevó a cabo el sorteo de la primera fase de los partidos. A menos de 100 días del arranque, todavía quedan cuestionamientos que no son triviales para las naciones participantes: infraestructura, seguridad, diplomacia y conflictos armados en curso.
El 5 de diciembre de 2025 se realizó el sorteo de la FIFA World Cup, en el Centro Kennedy en Washington D.C. El evento fue un hito geopolítico que reunió a los tres dirigentes de América del Norte, en un espacio que no se trataba de aranceles o seguridad nacional. Claudia Sheinbaum, Mark Carney y Donald Trump compartían recinto de manera física por primera vez desde la elección del primer ministro de Canadá; este encuentro fue inédito porque México y Estados Unidos se desenvolvieron en tensiones comerciales y de seguridad nacional durante todo 2025.

En ese momento, ninguna presión por atrapar a los líderes de carteles -o por salirse de los acuerdos comerciales vigentes- era más importante que el soccer. Pero este deporte tiene una dimensión económica que resulta imposible separarlo de su trasfondo político: la FIFA es uno de los organismos más corruptos del mundo. El FBI (Federal Bureau of Investigations) publicó también en el 2025 documentos que probaban una red de corrupción de escala internacional; países como Rusia y Qatar pagaron sobornos millonarios a la FIFA para resultar electos como sedes mundialistas. Además de comprobar actos de corrupción y acuerdos fuera del marco regulatorio internacional de transmisión con cadenas grandes de entretenimiento, como Televisa.
El incentivo económico para llevar los Mundiales hasta sus últimas consecuencias es enorme. De acuerdo con datos publicados por la misma Federación Internacional de Soccer, el ciclo mundialista de Qatar generó ingresos por más de 7568 millones de dólares, cuando su presupuesto anual en 2022 fue de 3404 millones de dólares. La venta de los derechos de transmisión por televisión de Qatar 2022 reportó 3426 millones de dólares; es decir, el 45% de los ingresos por transmisiones de los cuatro años de preparación cubrieron el presupuesto del año mundialista. (FIFA, 2022)
Qatar fue una sede controvertida desde su elección. Un país pequeño, sin estadios y sin infraestructura para movilizar turistas, construyó en menos de diez años una ciudad piloto con mano de obra casi en condiciones esclavizantes. Un informe publicado por el Parlamento Europeo en 2022 señala de actos omisos de seguridad laboral hacia el gobierno de Qatar y la FIFA; se estiman que más de 6 mil trabajadores de India, Nepal, Pakistán, Sri Lanka y Bangladesh murieron en condiciones precarias durante los preparativos de infraestructura (2010-2022) para el Mundial de 2022. (La FIFA debe contribuir a compensar por las muertes de trabajadores, Parlamento Europeo, 2022).

Human Rights Watch señaló que 30 mil trabajadores migrantes que fueron subcontratados aún no recibían las compensaciones de la explotación que sufrieron durante los trabajos de construcción. Antes del Mundial en 2022, Qatar, que es la estación de gas natural del mundo, no tenía recursos materiales para albergar a los 3 millones de visitantes que llegaron para la justa deportiva. La construcción de siete estadios, renovación de carreteras y la ampliación del aeropuerto de Hamad ocurrió a marchas forzadas durante cinco años de explotación de la fuerza laboral, todo en circunstancias hostiles para la supervivencia humana. (2022)
La FIFA ha guardado silencio y sigue sin indemnizar a los trabajadores afectados por el Mundial anterior. Es improbable que temas de seguridad tan urgentes como la desestabilización civil por el narco, como ocurre en Guadalajara, sea un obstáculo para que se lleven a cabo los partidos programados en el estadio Akron. El diario español El País reportó en 2025 que se encontraron 450 bolsas con restos humanos alrededor del estadio sede del Club Chivas. El recinto se encuentra a las afueras de Zapopan, un punto neurálgico para el narco por su cercanía con puntos boscosos.
Como si la realidad cruenta de un estado atravesado por el crimen organizado no fuera suficiente, la captura del líder del cártel Jalisco Nueva Generación el 22 de febrero de 2026 tuvo consecuencias funestas para la sociedad civil. El pánico generado por ataques hacia comercios, bloqueo de carreteras e incendios de automóviles fue suficiente para que el gobierno local promoviera el cese de actividades económicas y académicas. World Aquatics, federación internacional de deportes acuáticos, decidió cancelar el Mundial de Clavados que se llevaría a cabo en Guadalajara semanas después de estos sucesos.
Por su parte, Gianni Infantino, dirigente de la FIFA externó un voto de confianza hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum, a pesar del evidente estado de emergencia social y político que sufre la región de occidente actualmente. Si un país desprovisto de infraestructura para organizar el Mundial -con el sacrificio de miles de trabajadores en condición migrante- no fue un problema para la FIFA, tampoco la falta de seguridad para los habitantes locales y externos será motivo suficiente para frenar una sede.
A estas tensiones de seguridad hay que sumarles un problema contingente, pero igual de importante: la infraestructura desigual de las sedes. La Ciudad de México, que será presentada ante el mundo como uno de los centros neurálgicos del torneo, no está lista para absorber la presión urbana, logística y turística que implica un Mundial multisede. La discusión no se agota el avance del Estadio Banorte o en la modernización de algunos corredores viales; este problema es más profundo y remite a una ciudad con crisis de movilidad y saturación aeroportuaria.
Además existe una brecha amplia entre las zonas intervenidas para la llegada masiva internacional, con aquellas donde la vida cotidiana sigue marcada por la precariedad. Un megaevento y el acondicionamiento urbano no corrigen esas fracturas: desplaza territorialmente a los habitantes por medio de mecanismos de precios inalcanzables para la población local. (Los riesgos que vienen con la gentrificación a causa del Mundial, 2025).
La distribución misma de los partidos revela la concentración de intereses de los tres países anfitriones. México y Canadá recibirán buena parte de la fase de grupos, es decir, la porción más abundante del calendario, pero no necesariamente la más atractiva en términos deportivos, mediáticos y comerciales. Los partidos decisivos, aquellos que concentran la atención global, elevan el precio de los boletos, disparan la audiencia y producen la mayor rentabilidad simbólica, se jugarán en Estados Unidos a partir de las rondas de eliminación directa. La asimetría tiene una explicación geopolítica: mientras México y Canadá absorben costos urbanos, operativos y políticos considerables, el interés de la afición y de la derrama asociada a los encuentros definitivos se reserva para territorio estadounidense, como si fuera un reparto jerárquico del espectáculo.
En el caso de Canadá, esta desigualdad se vuelve todavía más evidente por una razón cultural y de mercado. Simplemente no tiene la misma centralidad futbolera, ni estadios construidos específicamente para fútbol, con excepción del BMO Field. El soccer no tiene la relevancia como otras disciplinas, de modo que la sede canadiense parece responder más a la necesidad de completar la narrativa trinacional de Norteamérica. El resultado es un Mundial donde la retórica de la cooperación regional encubre una distribución funcional de papeles: Canadá aporta espacios para albergar a las aficiones y legitimidad diplomática, México aporta masa crítica de afición y Estados Unidos retiene el corazón financiero, mediático y competitivo del evento.
Este es el trasfondo de los gestos de cercanía entre la FIFA y Donald Trump. La federación le otorgó al presidente de los Estados Unidos un reconocimiento asociado a la paz, o al entendimiento internacional, en medio de una etapa marcada por discursos expansionistas, endurecimiento fronterizo y estrategias de presión continental. Este gesto se interpretó como un movimiento político para buscar aprobación del gobierno estadounidense, y que el circulo cercano de Trump le otorgara un voto de confianza a la FIFA para la administración de los recursos financieros en torno al mundial.
Trump, por su parte, también necesita de la imagen institucional de la FIFA. En un contexto donde busca reafirmar una idea hemisférica de poder estadounidense, el Mundial funciona como una plataforma para escenificar liderazgo regional sin recurrir de manera directa al lenguaje de la coerción. La organización de la Copa permite presentar a Estados Unidos como protagonista del continente, nodo de seguridad, negocio y entretenimiento, mientras México y Canadá aparecen como los países subordinados de los Estados Unidos. Es una forma de legitimación blanda del proyecto expansionista “Hemisferio de los Estados Unidos”, programa que presentó el Departamento de Seguridad de E.E.U.U. al mismo tiempo que el sorteo del Mundial 2026. En esa operación simbólica, el balón vuelve la geopolítica actual más digerible.

Sin embargo, la dependencia es mutua. La FIFA necesita a Trump y a Estados Unidos porque su disputa ya no es únicamente por audiencias globales, sino por centralidad dentro del mercado deportivo más lucrativo del mundo. La NFL le representa una competencia real en términos de patrocinadores, consumo doméstico, rating, conversación pública y poder cultural. Tan solo en 2025, la NFL reportó 240 millones de expectadores a nivel global, con un crecimiento centrado en las audiencias dentro de América Latina y Europa, regiones donde el soccer es predominante tanto en afición como en derrama económica. La FIFA busca competir con la NFL en territorio Norteamericano, como si se tratara de una persecución por acaparar a las audiencias del otro.
El Mundial se jugará, en los hechos, más a la fuerza que por consenso social o por condiciones ideales de estabilidad. El torneo avanzará incluso si persisten conflictos armados entre países clasificados o tensiones diplomáticas agudas entre delegaciones, como es el caso de la selección de soccer de Irán, país que actualmente se encuentra bajo ataques militares por parte de Estados Unidos e Israel. Mientras que la delegación iraní de fútbol busca negociar con la FIFA el traslado de sus partidos a México y Canadá, la escalada de violencia sigue activa. Esto demuestra que el futbol internacional no pretende detenerse frente a la tragedia.
Por eso la discusión pública no debería agotarse en si el Mundial será rentable y turísticamente exitoso. La pregunta de fondo es qué tipo de orden político y moral estamos dispuestos a normalizar para que ese espectáculo ocurra. Un boicot crítico no implica desentenderse del torneo, sino negarse a consumirlo con neutralidad. También supone vigilar el arbitraje, cuestionar la selección de sedes, observar el trato diferenciado a ciertas aficiones y documentar la forma en que la FIFA, los gobiernos locales y los grandes consorcios mediáticos intentarán administrar la contienda.
Más que una fiesta deportiva, el Mundial de 2026 será el escaparate mediático de las jerarquías dentro del continente americano. Precisamente por eso habrá que consumirlo con desconfianza; para impedir que el entusiasmo colectivo funcione como distractor frente a la desigualdad, la violencia, el trato hacia las personas migrantes y la concentración del poder.
Alejandra es Doctora en Política Pública, profesora y miembro del Observatorio de Medios Digitales del Tecnológico de Monterrey. Aficionada del periodismo deportivo y consumidora asidua de disciplinas deportivas como el soccer. Síguela en Threads e Instagram como @alegmarmo
Referencias:
Associated Press. (2025, 11 de noviembre). NFL remains hot ticket internationally as league expands its global footprint. NFL.
FIFA. (2022). Ingresos 2019-2022. En Informe anual 2022.
Human Rights Watch. (s. f.). Copa del Mundo FIFA Qatar 2022. Recuperado el 20 de marzo de 2026, de Human Rights Watch.
Ochoa Aranda, C. (2025, 19 de octubre). Los riesgos que vienen con la gentrificación a causa del Mundial. Gaceta UNAM.
Parlamento Europeo. (2022, 24 de noviembre). Qatar 2022: la FIFA debe contribuir a compensar por las muertes de trabajadores.
Pérez, D. M. (2025, 17 de diciembre). Un estadio mundialista rodeado de cadáveres. El País México.
