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Secretaria General de las Naciones Unidas: Un espacio naturalmente para internacionalistas

4 ago 2026

Por Sthefany Pérez

Programa Ser Internacionalista Global Thought MX Julio 2026


La Organización de las Naciones Unidas (ONU), desde su fundación en el siglo XX, se ha consolidado como la organización internacional intergubernamental de mayor trascendencia en el sistema internacional. Su objetivo principal radica en actuar como garante de la paz y la seguridad internacional, operando bajo la lógica de la cooperación multilateral para la resolución pacífica de controversias a escala global. Su órgano principal y de mayor representación, es la Asamblea General, la cual congrega a 193 Estados miembros para el debate de los asuntos globales y la posterior adopción de resoluciones mediante mecanismos de votación.


No obstante, la estructura institucional comprende otros órganos principales, entre los que destacan el Consejo de Seguridad, la Corte Internacional de Justicia, el Consejo Económico y Social (ECOSOC) y la Secretaría General. Esta última se encuentra encabezada por el Secretario General quien es el más alto funcionario de la Organización.  Su carácter no se limita solo representa a la institución, es una figura clave en la configuración, orientación y mantenimiento de la estructura organizativa. Abarca un amplio abanico de responsabilidades, político, diplomático y administrativo como máxima figura; por consiguiente es crucial que quien ostente el cargo posea las competencias integrales requeridas.


En la actualidad, la titularidad de la Secretaría General recae en António Guterres, cuyo mandato concluye el 31 de diciembre de 2026. Ante este escenario temporal, se han iniciado los debates respecto a la sucesión en dicha responsabilidad y sobre las competencias profesionales requeridas para hacer frente a los desafíos del cargo, especialmente en una coyuntura de escepticismo, desconfianza y cuestionamiento hacia la efectividad del sistema multilateral.


En respuesta a ello, el perfil profesional de un internacionalista resulta idóneo para la ocupación de este cargo. El internacionalista posee conocimientos que encajan completamente con las exigencias de esta labor. La formación en Relaciones Internacionales, ofrece un enfoque eminentemente multidisciplinario –imprescindible para la complejidad de las responsabilidades ha adquirir– abarcando áreas fundamentales como el Derecho Internacional Público, el cual no se limita al conocimiento normativo de la Carta de las Naciones Unidas, sino que comprende la arquitectura de la legislación internacional mediante la interpretación y aplicación de los tratados.


Asimismo, el análisis sistémico de las relaciones internacionales, caracterizadas por una marcada interdependencia, constituye una herramienta analítica esencial que permite examinar de forma continua la dinámica global, el equilibrio de poder regional e internacional y las motivaciones geopolíticas y socioeconómicas subyacentes a la conducta de los Estados. Estas aptitudes son propias del ejercicio profesional, pero cobran una relevancia estratégica al momento de ejercer la diplomacia preventiva o advertir oportunamente sobre situaciones que, en su opinión, pudiese afectar la paz y la seguridad del Continente o el desarrollo de los Estados Miembros distinguiendo este perfil del de otras disciplinas.


En este mismo orden de ideas, el dominio de la negociación y la mediación diplomática le permite ejercer con eficacia la facultad de sus "buenos oficios", facilitando el diálogo directo entre Estados en conflicto. Todo ello se lleva a cabo sin comprometer la neutralidad inherente al funcionario internacional y promoviendo soluciones pacíficas orientadas al bien común. Estas capacidades, en conjunto con una técnica negociadora de alto nivel, le permiten identificar la oportunidad para la negociación y celebración de los acuerdos que determinen las relaciones que deben existir entre la Organización y cada Organismo Especializado Interamericano garantizando que dichos instrumentos sirvan como puente para el cumplimiento de los propósitos de la ONU.


Finalmente, resulta imprescindible comprender que en el contexto actual —donde se cuestiona la eficacia de las resoluciones de la ONU y se atraviesa una crisis de legitimidad derivada del resurgimiento de posturas unilaterales, el interés nacional y la polarización política—, que arremete contra el paradigma idealista que sustenta a la Organización, la gestión de un internacionalista trasciende de la mera administración burocrática de la Secretaría. Su función se proyecta como una figura imparcial con peso en la opinión pública y capacidad de persuasión sobre la voluntad política orientada a dirigir esfuerzos hacia la atención de emergencias humanitarias. El constante ejercicio del análisis deconstruido de sesgos ideológicos y sensible a las asimetrías de poder, le otorgan al internacionalista la capacidad de maximizar las fortalezas de la institución como un actor vigente y central para la preservación del equilibrio y el orden internacional.


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