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Crisis distintas, un mismo síntoma: la erosión del sistema internacional

Por Aranza Karelia Jiménez Schulz


Esta semana se han dado los puntos más críticos de varias crisis. Empezando por Cuba: la ONU ha catalogado la crisis humanitaria como grave, ya que pone en peligro los servicios básicos. Ya sabíamos que Cuba enfrentaba dificultades por distintos factores, en específico el bloqueo comercial de su vecino Estados Unidos. Sin embargo, este último año el escenario se complicó todavía más por la presión sobre uno de sus principales aliados, Venezuela, quien era su principal proveedor de petróleo.


En lo inmediato, el desabasto de combustible ha provocado más apagones en Cuba. A esto se suma un sistema económico y político que agudiza el problema, ocasionando una una doble asifixia para el país, hay fuerte desabasto de medicamentos, los hospitales enfrentan situaciones operativas y se ha acelerado la migración. 


Ante esta situación humanitaria,el apoyo de México fue uno de los primeros en llegar.

Para muchos que no conocían la relación tan cercana entre México y Cuba, ha sorprendido que México haya enviado barcos humanitarios, sin embargo esta relación especial, ha sido histórica. México, como vecino geográfico, desde 1959 tras la Revolución Cubana reconoció al gobierno revolucionario, no rompió relaciones con la isla y condenó el bloqueo económico. Esta postura se justificó por la Doctrina Estrada, formulada por el canciller Genaro Estrada, que dice que México no debe “reconocer” o “desconocer” gobiernos extranjeros ni juzgar su legitimidad, Por eso, se mantuvo el vínculo durante décadas, hasta el año 2000, cuando ocurrió el episodio del “comes y te vas” de Vicente Fox Quesada, que ocasionó una crisis política en esta relación.


Cuba se encuentra en una posición sumamente delicada, ya que, aunque durante años Estados Unidos no se había involucrado directamente en la relación México-Cuba, recientemente ha tomado medidas que incluyen la amenaza de imponer sanciones económicas si se continúa enviando crudo. Debido a esto, el gobierno de México ha decidido suspender los envíos de petróleo y limitar sus acciones a la asistencia humanitaria.


Desde el otro lado del mundo, el expresidente Yoon Suk-yeol de Corea del Sur fue condenado a cadena perpetua. Sin embargo, surge la pregunta de qué hechos cometió un expresidente que sean tan graves como para justificar una sanción de esta magnitud. La acusación se basa en que, en diciembre de 2024, el expresidente declaró la ley marcial, una figura que otorga a las fuerzas armadas poderes o facultades extraordinarias durante situaciones de emergencia. La Constitución concede al presidente la facultad de declarar la ley marcial cuando considere que existe una amenaza significativa. 


No obstante, es importante destacar que Corea del Sur ha sido una nación democrática desde 1980, y la declaración del expresidente se produjo en un contexto en el que consideró que la amenaza procedente de Corea del Norte era lo suficientemente grave como para justificar dicha medida. Sin embargo, el uso de esta facultad sin respaldo legal y en ausencia de una situación de emergencia declarada de manera formal provocó una fuerte repercusión política. En ese momento, la declaración de ley marcial tuvo que ser levantada seis horas después debido a la oposición del Congreso. Aunque la declaración de esta ley no constituye por sí misma una justificación suficiente para imponer una condena al ex mandatario, lo que lo hace suficiente razón, fue que mediante la autorización de la ley, intentó, en esencia, eliminar y limitar los poderes del Congreso. Esta acción se encuadra como una forma de insurrección en un país que, hoy en día, es una democracia y aspira a proyectar esa imagen internacionalmente, especialmente considerando su pasado autoritario.


El fin de semana pasado tuvo lugar la Conferencia de Seguridad de Múnich, del 13 al 15 de febrero, que es uno de los foros más relevantes a nivel mundial entorno a la seguridad internacional, y que históricamente ha sido escenario de momentos clave, como el discurso de Vladimir Putin en 2007, cuando advirtió que la expansión de la OTAN representaba una amenaza para Rusia y cuestionó la hegemonía estadounidense, anticipando tensiones que hoy se reflejan en la guerra en Ucrania. 


En esta edición, además de los debates políticos, se presentó el informe titulado “Bajo destrucción”, que ofrece un diagnóstico del estado actual del sistema internacional, caracterizado por una ruptura institucional y un debilitamiento de los marcos de cooperación creados tras 1945. El informe identifica cuatro ejes: el desafío al multilateralismo, la fragmentación económica, la crisis de la cooperación humanitaria y el desgaste del sistema de gobernanza global, cada vez menos percibido como proveedor de estabilidad, sobre todo en un contexto donde crece la importancia sobre la soberanía nacional y el escepticismo social incluso dentro de economías del G7 que dudan del bienestar de las futuras generaciones. 


Uno de los discursos más esperados fue el del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien llamó a una alianza firme entre Estados Unidos y Europa, apelando a raíces culturales, económicas y militares compartidas, y sostuvo que la administración actual exige mayor reciprocidad y seriedad en la relación. Cuestionó además la falta de eficacia de Naciones Unidas para resolver conflictos como Gaza, Ucrania o el programa nuclear iraní, defendiendo la necesidad de Estados Unidos de proveer ante estos hitos de seguridad nacional sus propias soluciones, sobre todo frente a amenazas como el régimen venezolano o la crisis migratoria, a la que calificó como un factor desestabilizador para las sociedades occidentales. 


Por su parte, líderes europeos, incluyendo representantes de la Unión Europea el canciller alemán Friedrich Merz , rechazaron la idea de que Europa debe ser rescatada, reafirmaron su compromiso con el libre comercio, la no imposición de aranceles, los acuerdos climáticos y el multilateralismo, reafirmaron su compromiso con el libre comercio, la no imposición de aranceles, los acuerdos climáticos y el multilateralismo, evidenciando una clara divergencia de visiones sobre el futuro del orden internacional.


Una de las principales tensiones que Estados Unidos resaltó durante la Conferencia de seguridad fue la situación crítica con Irán, un asunto que hemos estado siguiendo durante las últimas dos semanas. Durante la conferencia, Marco Rubio señaló que era un tema que no se ha podido solucionar con Naciones Unidas y por lo tanto se veían en la necesidad de emitir sus propias soluciones. La principal preocupación de Estados Unidos radica en el programa nuclear de Irán, ya que este podría derivar en un conflicto de gran escala en Oriente Medio. Tanto los negociadores iraníes como los estadounidenses han mantenido conversaciones indirectas en Ginebra desde esta semana; sin embargo, aún no se ha alcanzado una resolución clara sobre las condiciones exactas que Estados Unidos solicita al régimen iraní para avanzar hacia sus objetivos.


Estados Unidos busca que Irán coopere en la implementación de medidas necesarias, incluyendo la suspensión del desarrollo de armas nucleares, la adopción de límites aceptables en su programa de misiles y la eliminación del financiamiento y armamento de actores que operan en contra de los intereses estadounidenses y aliados en la región. Además, se pretende reducir la influencia de intereses chinos y rusos en Irán. Un cambio fundamental sería que Irán establezca una relación más cercana con Estados Unidos, promoviendo un liderazgo que no represente una amenaza, que sea afín y colaborativo. Actualmente, ese tipo de relación no se refleja con la administración actual del régimen iraní, lo que está generando una posible y rápida escalada del conflicto.


 Lo que observamos en estos fenómenos no son problemas o crisis aisladas, sino crisis entrelazadas que se alimentan de factores estructurales: la falta de cooperación internacional, la fragmentación económica y el debilitamiento del multilateralismo. En un sistema global que exige respuestas coordinadas, cada vez pesan más las decisiones unilaterales y la lógica de competencia, lo que reduce la capacidad de contención y hace que un foco de tensión termine acelerando a los demás.




 
 
 

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