Sin luz, sin comida, sin paciencia: el punto de quiebre en Cuba y el mundo
- Global Thought MX
- 23 mar
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Agenda Global del 16 al 20 de marzo de 2026 por Aranza Jiménez Schulz
Desde el aumento de la crisis energética que está sufriendo Cuba, derivada de la reducción del petróleo que le proporcionaba Venezuela y de las restricciones externas que limitan el acceso a energía, se han provocado apagones prolongados y una crisis alimentaria crítica. Esta situación no solo afecta el suministro eléctrico, sino que impacta directamente la vida cotidiana, la producción y el acceso a bienes básicos.Como consecuencia de este deterioro, se ha desencadenado una crisis social que comienza a manifestarse en múltiples protestas. En este contexto, el descontento deja de ser únicamente estructural y se vuelve visible en acciones concretas.
Un ejemplo claro ocurrió en la madrugada del sábado 14 de marzo de 2026, cuando varias personas asaltaron una sede del Partido Comunista de Cuba, el único legal en el país. Durante el evento, los participantes gritaron consignas como “¡Corriente y comida!”, “¡Libertad!”, “¡Pongan la corriente!”, “¡Patria y Vida!” y “¡Abajo la dictadura!”, además de insultos contra el presidente Miguel Díaz-Canel. Estas consignas reflejan que las demandas están directamente vinculadas a necesidades básicas no satisfechas.
Ahora bien, durante este acontecimiento participó un grupo reducido de personas; sin embargo, esto no necesariamente indica baja relevancia. Por el contrario, en contextos de crisis prolongada, este tipo de eventos puede anticipar una escalada mayor.
En ese sentido, aunque la presión social ha sido una constante en el país, el contexto actual muestra un nivel de tensión distinto, ya que combina crisis energética, alimentaria y desgaste institucional. Si estas condiciones no mejoran, es probable que las protestas aumenten tanto en frecuencia como en intensidad.

Ormuz al borde del colapso: la guerra que está jugando con la economía mundial
Desde el 28 de febrero de 2026 , cuando Estados Unidos decidió atacar a Irán derivado de distintas tensiones geopolíticas, principalmente relacionadas con su programa nuclear, el conflicto en Medio Oriente ha ido en aumento. Lo que en un inicio podía interpretarse como una confrontación regional, rápidamente ha mostrado implicaciones más amplias.
En un primer momento, podría pensarse que esta guerra surge porque Estados Unidos necesita los recursos petroleros de Irán. Sin embargo, esta idea no es del todo correcta. Estados Unidos no depende de Irán en términos de petróleo, ya que es uno de los principales productores a nivel mundial. No obstante, el punto clave no es la dependencia directa, sino los efectos indirectos: al afectar a Irán, también se ven impactados sus principales compradores, entre ellos Europa y China, lo que genera consecuencias en cadena en los mercados globales.
En este contexto, uno de los momentos más impactantes del conflicto fue la eliminación del líder supremo de Irán. Para Estados Unidos, esto representó un acierto estratégico, ya que implicó un debilitamiento inmediato del régimen en forma de crisis política interna. Además, evidenció la capacidad operativa y la precisión de sus estrategias militares.
Este hecho no fue aislado. No solo murió el líder supremo, sino también una parte importante de la estructura de defensa del país, incluyendo al ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el jefe del Consejo Nacional de Defensa y el comandante de la Guardia Revolucionaria. Esto refuerza la idea de un intento por desarticular el núcleo del poder político y militar iraní.
Sin embargo, el impacto más relevante del conflicto no se limita al ámbito militar, sino que se traslada al sistema económico global. A principios de marzo, también se observaron la configuración de alianzas, la Unión Europea y países como Francia, Alemania y otros actores relevantes fijaron posturas frente a los ataques, mientras que Irán afirmó tener control total del estrecho de Ormuz.
Aquí se encuentra el punto crítico. El estrecho de Ormuz es una de las rutas más importantes del comercio energético mundial. Por lo tanto, cualquier alteración en su funcionamiento tiene efectos inmediatos a nivel global. Como consecuencia, el precio del petróleo ha superado los 100 dólares por barril, reflejando la incertidumbre generada por el conflicto. Además, el cierre de facto del estrecho por parte de Irán afecta directamente a múltiples países, incluso a aquellos que no participan de manera directa en la guerra.
Esto lleva a una cuestión más amplia. Estas acciones generan preocupación sobre una posible tercera guerra mundial; sin embargo, también obligan a replantear el concepto mismo de guerra. ¿Es necesario que participen múltiples potencias para que un conflicto sea global, o basta con que sus efectos lo sean?
Hoy en día, los conflictos interestatales, debido a la globalización y a la interconexión de las economías y cadenas de valor, tienen impactos sistémicos. Por ejemplo, afectan mercados bursátiles, precios de energía y estabilidad económica en distintas regiones. Un ejemplo concreto ocurrió el 20 de marzo, cuando Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Japón y Países Bajos condenaron las represalias iraníes contra infraestructuras energéticas en el Golfo y expresaron su disposición a contribuir a la seguridad en el estrecho de Ormuz. Esto evidencia que, aunque el conflicto es regional en origen, sus implicaciones son globales.
Somalilandia: el país que existe, pero no “debería” existir
No hay mejor forma de empezar esta noticia que con algo incómodo: probablemente muchos no sabían que Somalilandia existe. Y eso no es casualidad. Es un territorio que, en la práctica, funciona como un país, pero que dentro del sistema internacional no es reconocido como tal.
Aquí es donde surge la primera contradicción. Somalilandia tiene gobierno, territorio, población y lleva más de 30 años operando de manera autónoma. Sin embargo, no forma parte de organizaciones internacionales y su existencia depende del reconocimiento de otros Estados. Es decir, puede cumplir con las funciones de un país, pero eso no garantiza que sea considerado uno.
Esto choca con un principio que, en teoría, es fundamental: la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, en la práctica este principio tiene límites claros. No basta con declararse independiente; el reconocimiento internacional sigue siendo un factor decisivo.
El origen de Somalilandia tampoco es arbitrario. Este territorio semidesértico, con un tamaño similar al de Nicaragua, proclamó su independencia en 1991 tras el colapso del Estado somalí. En ese contexto de crisis, la región optó por separarse y construir su propio orden político, logrando una estabilidad relativa en comparación con Somalia.
Pero este caso no puede entenderse sin un contexto más amplio. Muchas fronteras en África fueron definidas por potencias coloniales sin considerar las realidades sociales, culturales y étnicas de la región. Esto generó Estados con tensiones internas desde su origen. Aunque cada caso tiene sus particularidades, conflictos como el de Ruanda reflejan las consecuencias de estas divisiones. Somalilandia, en ese sentido, es parte de ese legado.
Durante más de tres décadas, ha permanecido como un Estado de facto sin reconocimiento. Sin embargo, esto comenzó a cambiar en diciembre de 2025, cuando Israel decidió reconocer oficialmente a Somalilandia. Este hecho marca un punto de inflexión y abre una pregunta clave: ¿por qué ahora?
La respuesta no es normativa, sino estratégica. Somalilandia tiene acceso directo al mar Rojo, una de las rutas comerciales más importantes del mundo, y se encuentra cerca de Yemen, donde los hutíes han demostrado capacidad para afectar el tráfico marítimo.En este contexto, la región ha adquirido una relevancia creciente en términos de seguridad.
Desde la perspectiva de Israel, el mar Rojo se ha convertido en un espacio crítico. La posibilidad de interrupciones en rutas comerciales o ataques en la zona transforma lo que antes era un riesgo regional en un problema con implicaciones globales. Por ello, la presencia o influencia en este punto adquiere un valor estratégico claro.
Además, Somalilandia ha sido considerada dentro de discusiones más amplias sobre posibles reconfiguraciones territoriales en el contexto del conflicto en Gaza. Aunque estas propuestas no son definitivas, reflejan que el interés en este territorio va más allá del reconocimiento diplomático.




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