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¿De qué nos sirve entender todo esto? La primera Agenda Global de 2026

Las Relaciones Internacionales son una disciplina de las Ciencias Sociales encargada de analizar y comprender, significativamente, la dimensión política de las interacciones entre los principales actores del sistema internacional: los Estados. Han pasado varios siglos ya desde que la Paz de Westfalia de 1648 instauró un sistema basado en la soberanía y el derecho internacional, y también han pasado ya varias décadas desde que la disciplina no es más una esfera reservada para las élites. Actualmente, hay más internacionalistas en el mundo que al final de la Segunda Guerra Mundial que pueden darnos análisis certeros sobre cómo se mueve el tablero del poder sin que estas personas sean exclusivamente aquellas que tienen acceso y contacto cercano con los líderes globales.



Sin embargo, la posibilidad de que las y los internacionalistas de hoy puedan cambiar el curso de la realidad internacional con lo que saben y entienden es limitada ante un escenario en el que las instituciones, las reglas, e incluso la ética, parecen anacrónicos ante una de las máximas del realismo político: todo se puede cuando se ejerce el poder.


El 2026 inició como un año en el que el hegemón del hemisferio occidental ha decidido transgredir el sistema que décadas atrás ayudó a forjar. La invasión en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro - quien era ya un longevo autócrata en un país antiimperialista pero represor - ha acaparado todos los reflectores de las noticias internacionales. Además, los discursos de Donald Trump amenazando - como un bully profesional - a otros países como México, Colombia y Cuba, ha cimbrado la política nacional en dichos países, obligando a sus líderes a tomar posturas que busquen respetar la tan aclamada soberanía de sus Estados, a la par que mantienen una relación cordial con el futuro invasor.


Como si fuera poco, la política migratoria de Estados Unidos es cada vez más una muestra del fascismo del siglo XXI. El asesinato de ciudadanos estadounidenses y personas migrantes a manos de una fuerza pública que no respeta la vida, la dignidad y la integridad personal como derechos casi “sagrados” y necesarios para el ejercicio de la libertad que tanto se enaltece en dicho país es alarmante. Además, Israel ha violado nuevamente el cese al fuego promovido por Estados Unidos el año pasado y manifestaciones masivas en Irán ponen en riesgo la permanencia del régimen motivadas, al menos de acuerdo con medios occidentales, por la devaluación del rial frente al dólar estadounidense. 


Y como si la crisis internacional no bastara con la normalización de la violencia, también se acelera el desmontaje de los espacios que -con todos sus límites- han servido para contenerla. El pasado 8 de enero, bajo la retórica de que “operan contra el interés nacional” o representan un “derroche inútil”, Donald Trump firmó una orden ejecutiva para retirar a Estados Unidos de 66 organismos multilaterales, incluidas 31 entidades del sistema de Naciones Unidas. El golpe es sistémico, al abandonar por ejemplo la Convención Marco sobre el Cambio Climático - el espíritu de París y Kioto-, el mensaje es inequívoco. En este 2026 el hegemón no se conforma con transgredir las reglas cuando le estorban; ha decidido vaciar de legitimidad y recursos los foros donde esas reglas se disputan. 


Europa, por su parte, camina sobre la cuerda floja de su propia supervivencia. Calificado por diversos analistas como “el año de las malas decisiones” para el viejo continente, precisamente porque los líderes europeos se encuentran no solo ante la prolongación del conflicto en Ucrania, sino también ante un dilema estratégico entre dependencia y autonomía frente a sus aliados tradicionales. La fragmentación interna, la erosión de certezas sobre el papel de Estados Unidos en su seguridad y la presión por normalizar relaciones con Moscú están obligando a los gobiernos europeos a elegir entre mantener la cohesión transatlántica con alto costo político, o forjar una postura propia que contemple el rol de Ucrania en su arquitectura de seguridad futura. En este contexto, la eventual negociación de un cese del fuego que no atienda los fundamentos estructurales del conflicto —y que no refuerce realmente la capacidad defensiva y disuasoria de Europa y Ucrania— podría traducirse en una paz precaria y una seguridad europea más frágil a largo plazo. 


La información es abrumadora y por lo tanto, la pregunta ¿De qué nos sirve entender todo esto? es pertinente. 


Las y los internacionalistas podemos explicar lo que sucede en el mundo pero no tenemos el poder para arreglarlo, al menos no los “internacionalistas de a pie”. Algunas personas podrán considerar que el mejor momento para poder hacerlo fue cuando la ONU gozaba de prestigio y respeto y desde diversos espacios, las y los profesionales de las Relaciones Internacionales podían aportar insumos y gestionar procesos para seguir consolidando un sistema basado en reglas que se hacían respetar no por su poder coercitivo sino por considerar que era lo mejor para la humanidad. O cuando las y los internacionalistas eran la base de los servicios exteriores de los Estados y además, eran respetados - hoy, por ejemplo, el Servicio Exterior Mexicano no ha recibido sus pagos y prestaciones por su trabajo representando a México en el extranjero-. 


Sin embargo, tampoco seamos ilusos, el sistema liberal creado después de la Segunda Guerra Mundial nunca fue perfecto. La democracia como régimen político tiene problemas que son cada vez más graves: líderes dispuestos a erosionar la democracia para mantener el poder. Y por si fuera poco, la promoción de procesos de paz en contextos de conflicto era en algunas ocasiones, un ejercicio soft de colonialismo, más que un esfuerzo genuino por promover valores universales.


América Latina, en particular, ha sido “víctima” del incumplimiento constante del estado de Derecho de los Estados que integran la región. En términos de seguridad y defensa, muchos países se centraron en las amenazas internas - como el crimen organizado - y no en las amenazas externas, porque la principal amenaza externa siempre ha estado en el norte y la posibilidad de competir militarmente con la potencia global es mínima. De ahí que la cooperación, colaboración y alineación en esta materia haya sido la estrategia más eficaz para defender la soberanía nacional, así como la diplomacia y el derecho internacional. Aún así, Donald Trump y su equipo consideran cada vez más probable intervenir militarmente en México y utilizan esto como una amenaza creíble para presionar con su “guerra contra las drogas” renovada y una Doctrina Monroe que ahora tiene dientes más afilados.


Desde Global Thought sabemos que todo lo que ha sucedido en estos 12 días del 2026 no se puede explicar únicamente desde el incumplimiento del derecho internacional. Violaciones a tratados, reglas y acuerdos suceden todos los días. La cuestión que queremos plantear es si debemos estar dispuestos a que esto siga sucediendo y si asumir que el realismo político siempre gana, es la postura del lado correcto de la historia.


Entre 1933 y 1937 la Conferencia de Estudios Internacionales vio nacer lo que después se conoció como el primer debate teórico de las Relaciones Internacionales entre el realismo y el idealismo. Aunque Peter Marcus y Ole Waever ya han explicado que este debate en realidad no existió en los términos que los libros de texto nos han explicado. También nos han mostrado que el realismo, en su origen, estuvo asociado al fascismo y al nazismo y que lo que después se nombró como idealismo eran más bien críticas a las agresiones fascistas de la época.


Al día de hoy ¿qué defienden los realistas y qué defienden los idealistas? y ¿qué podemos hacer entre más sabemos y entendemos de la realidad internacional? Estamos convencidos que es necesario conocer el mundo para transformar la realidad y que para lograrlo, tenemos que cuestionarnos todo. 


Este año, desde Global Thought seguiremos acompañando tu proceso de información y crítica con nuestra agenda global semanal los lunes; con nuestras infografías informativas, con nuestras investigaciones y con nuestros eventos virtuales y presenciales. Trabajaremos en renovar nuestra encuesta sobre las y los internacionalistas en México y en actualizar nuestra investigación sobre intervenciones de Estados Unidos en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Además, estaremos más activas en la Red Mexicana de Política Exterior Feminista y asistiremos por primera vez a la AMEI. 


Te deseamos un 2026 próspero y exitoso, aunque el panorama geopolítico internacional sea más anárquico que nunca.


 
 
 

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